El escuchar y el contar son necesidades básicas del ser humano; así nació la literatura. Desde las épocas más antigüas, el analfabeto, no sabía leer ni escribir, pero sabía contar. Era en quien se depositaba y transmitía la tradición oral. Las culturas de todos los tiempos tuvieron deseos de contar sus vidas y experiencias, así como los adultos tuvieron la necesidad de transmitir su sabiduría a los más jóvenes para conservar sus tradiciones y su idioma. A medida que el hombre va descubriendo las leyes físicas de la naturaleza y la sociedad, en la medida en que avanza la ciencia y el conocimiento de la verdad científica, se va dando cuenta de que el contenido de los cuentos de la tradición oral, además de narrar los acontecimientos reales de una época y un contexto determinados, tienen un valor más valioso, pues son bienes intangibles de la imaginación del hombre.
Los relatos históricos sufren modificaciones con el transcurso del tiempo, no tienen forma definitiva ni única, sino dinámica y variada: a la versión creada por el primer narrador, se agregan los aciertos y desaciertos de otros narradores que modifican la historia en distintos tiempos y lugares, la historia no deja de ser la suma de cuentos compartidos por muchas personas. Así el cuento en la historia, puede ser una narración de lo sucedido, de lo que se supone sucedido, o de lo que alguna mente extraordinaria imaginó que podría haber sucedido aunque no fuera así. Esto nos lleva a entender el cuento como una narración de algo acontecido o imaginado. Ya sea oralmente o por escrito, en verso o en prosa. Cuento es lo que se narra, de ahí la relación entre contar y hablar (fabular, fablar, hablar).
DÓNDE SURGE LA PALABRA "CUENTO"?
Etimológicamente, (entiéndase etimología como la disciplina encargada de estudiar el origen de las palabras), la palabra cuento, procede del término latino "computare", que significa contar, calcular; esto implica que originalmente se relacionaba con el conteo de cifras, es decir que se refería, uno por uno o por grupos, a los objetos similares para saber cuántas unidades había en el conjunto. Luego, el término pasó a referirse a contar el mayor o menor número de circunstancias, es decir lo que ha sucedido o lo que pudo haber sucedido, y, en este último caso, dio lugar a la fabulación imaginaria" (Cáceres, A., 1993, p. 4).
El cuento es quizás el género literario más popular en toda la historia del hombre desde la edad antigua; tal éxito probablemente se deba a que en el mundo del cuento todo es posible, pues tanto el transmisor como el receptor saben que el cuento es una ficción que toma como base la realidad, que a veces podría llegar a enmarcarse dentro de la historia real, pero que siempre está acompañado por una sombra de fantasía. Aún así, desde que el mundo es mundo, en muchos casos se ha aceptado como verdad la leyenda, el mito y la fábula hechos cuentos, ya que sus personajes y acciones recogen las narraciones contadas por el pueblo. Es tal sentido, el relato oral fue durante siglos el único vehículo de transmisión del cuento, y de la historia de los pueblos.
¿CUÁL ES EL ORIGEN HISTÓRICO DEL CUENTO?
El origen del cuento se remonta a tiempos tan lejanos que resulta difícil indicar con precisión una fecha aproximada de cuándo alguien creó el primer cuento. Se sabe, sin embargo, que los más antiguos e reconocidos creadores de cuentos que hoy han influenciado la literatura en los cuentos, han sido los pueblos orientales. Desde allí se extendieron a todo el mundo, narrados de país en país y de boca en boca. Este origen oriental se puede aún hoy reconocer sin dificultad en muchos de los cuentos que nos han maravillado desde niños, y que todavía los leemos o narramos. Así, en muchos casos son orientales sus personajes, sus nombres y su manera de vestir, sus bosques o sus casas y también su forma de comportarse, su mentalidad y, en muchos casos, la "moral" del cuento. Y, por último, es también típica del mundo oriental la manera de entender y de vivir la vida reflejada en los cuentos. Ejemplos de estos cuentos son "Las mil y una noches" y "Calila y Dimna", "Aladino y la lámpara maravillosa", cuentos que sufrieron adaptaciones o imitaciones por parte de las literaturas europeas, y después fueron expandidas al resto del mundo.
En el siglo X, los primeros cuentos de origen árabe y persa llegaron a Europa en boca de mercaderes, piratas y esclavos. Más tarde, éstos mismos, modificados en muchas versiones, llegaron a otros continente tras la expansión de imperios y el "descubrimiento" (o invasión) de nuevas tierras. La prueba está en que un mismo cuento puede encontrarse en distintos países; por ejemplo, "La Cenicienta", que probablemente tiene sus raíces en la lucha de clases, conoce más de trescientas variantes, y deducir su verdadero origen, como la de muchos otros cuentos -entre ellos del germano "Rosa Silvestre" y el francés "La bella durmiente del bosque", que son variantes de un mismo tema-, sería una misión casi imposible.
Muchos de los cuentos folklóricos, como los compilados por los hermanos Grimm y Charles Perrault, no tienen autores ni fechas, y aunque en un principio hubiesen sido invenciones de algunos cuentistas anónimos, en nada contribuiría a nuestro análisis, ya que estos cuentos, con el transcurso del tiempo, sufrieron una serie de modificaciones según las costumbres y creencias religiosas de cada época y cultura.
Los cuentos de procedencia oriental, como los cuentos de hadas que tienen su origen en las leyendas y el folklore de los primeros tiempos, tienen el soporte de la fantasía y comienzan de una forma tradicional: "Érase una vez, un rey en Egipto que no tenía ningún hijo... Hace mucho, muchísimos años, en un lejano país del Oriente, allá donde el sol asoma cada mañana con su cara de oro y fuego, hubo un rey muy poderoso y cruel...". Lo que sigue a continuación no es más que la fusión de la realidad y la fantasía, del mito y la leyenda; fuentes de las cuales bebieron poetas y cuentistas, como si hubiesen mamado de una misma madre, quizá por eso existe tanto parecido entre los libros de unos y de otros.
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